El seremi de Ciencia, Carlos Olave, se reunió con los equipos de los nodos Ciencia Austral, Subantártico y Antártico para conocer sus avances y las proyecciones que marcarán el trabajo de los próximos dos años en la macrozona.
Hacer ciencia desde el extremo sur de Chile no es solo una cuestión de laboratorios y publicaciones: es también una apuesta por descentralizar el conocimiento y poner el desarrollo científico al servicio de los territorios. Con esa convicción, el seremi de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Carlos Olave, sostuvo una ronda de reuniones con los tres nodos que hoy operan en la macrozona austral, instancias en las que se revisaron los logros alcanzados y las metas trazadas para el período que viene.
Tres iniciativas conviven y se complementan en el territorio. La más antigua es el Nodo Macrozonal Ciencia Austral, creado en 2020, que abarca las regiones de Aysén y Magallanes y la Antártica Chilena. Su propósito es reunir a actores públicos y privados para fortalecer la ciencia, la tecnología, el conocimiento y la innovación (CTCI), identificar las brechas regionales y transformar ese conocimiento en soluciones que mejoren el bienestar económico, social y ambiental.
En sus primeros años de funcionamiento, el nodo ya dejó una huella concreta: el Geoportal Ciencia Austral, el libro “Hoja de Ruta: Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para la Macrozona Austral (2020-2030)” y diagnósticos sobre las capacidades de investigación y acción cultural en la zona. De cara a esta nueva etapa, el foco estará en la gobernanza.
“Tenemos cosas muy concentradas en términos de gobernanza, cómo nos vinculamos con la seremía y con los comités regionales de CTCI, y el impulso de concretar ciertas iniciativas priorizadas que son varias —asociadas a educación, equidad y ciencia abierta—, y trabajar también en la difusión de las temáticas de CTCI para nuestras dos regiones, Aysén y Magallanes”, explicó su director, Juan Carlos Aravena.
Para el seremi Olave, el balance de estos seis años es claro. El Nodo Ciencia Austral —financiado por el Ministerio de Ciencia a través de la ANID— “se ha consolidado como un espacio de articulación institucional para acelerar el impacto en las regiones más australes de nuestro país”, señaló. Su tarea principal, agregó, ha sido identificar y validar las brechas del territorio para definir prioridades, un trabajo que quedó plasmado en una hoja de ruta hacia 2030 que propone tanto un modelo de gobernanza como uno de ciencia abierta, capaz de difundir la información mediante la colaboración intersectorial e interdisciplinaria.
Laboratorios naturales: el sur como territorio único
A esa base se suman dos iniciativas más recientes, enmarcadas en los Nodos de Laboratorios Naturales, un instrumento de la ANID diseñado para potenciar territorios con condiciones geográficas, climáticas y ecosistémicas únicas en el mundo. La idea de fondo es consolidar a Chile como polo de investigación e innovación de alto impacto, atrayendo redes internacionales y colaboración científica de frontera.
El Nodo Subantártico, que comenzó su trabajo en 2022, exhibe un portafolio robusto: su Hoja de Ruta 2026+, el Sello del Nodo Laboratorio Natural Subantártico —orientado a promover investigación con pertinencia territorial y estándares de relacionamiento comunitario—, el Atlas Subantártico Interactivo, el Geoportal Ciencia Austral desarrollado junto al Nodo Ciencia Austral, y la implementación del Modelo de Laboratorios Naturales en áreas protegidas, con un piloto en la Reserva Magallanes que aún está en desarrollo.
Para el período 2026-2027, su directora, Laura Sánchez, adelantó que buscarán consolidar “el trabajo colaborativo desarrollado en Aysén y Magallanes mediante la articulación entre instituciones científicas, servicios públicos, comunidades y actores productivos”. A través de herramientas de conocimiento, programas formativos y turismo con contenido científico, dijo, se promoverá el desarrollo sostenible y la valoración de las singularidades subantárticas, abordando desafíos prioritarios como la biodiversidad, el agua y los glaciares.
El más joven del grupo es el Nodo Antártico, creado en 2024. En su primera etapa elaboró una hoja de ruta participativa para priorizar investigaciones y mejorar la infraestructura logística, además de informes diagnósticos sobre gobernanza antártica, educación, arte y cultura.
“Durante la reunión con el seremi presentamos los avances del proyecto respecto de las 22 iniciativas que han sido recogidas en una hoja de ruta y, también, hablamos de la segunda etapa del proyecto”, detalló su director, Marcelo González. Entre las prioridades que el nodo quiere impulsar, mencionó el levantamiento de información sobre el impacto del turismo antártico, el desarrollo de una oficina de convenios internacionales para visibilizar y actualizar los acuerdos del país con otros institutos polares, y el fortalecimiento de la Alianza Interuniversitaria Chile Antártico, que busca integrar la temática y la identidad antártica en la educación superior.
Un aporte que apunta a la ciudadanía
Al cerrar la jornada de encuentros, el seremi Olave subrayó que el trabajo de los tres nodos constituye un aporte para el desarrollo científico de la macrozona austral. Poner en marcha las iniciativas contempladas en cada hoja de ruta, dijo, “generará un efecto positivo porque permitirá posicionar nuestro territorio a nivel nacional e internacional”.
Pero el horizonte, recalcó, va más allá de la proyección académica: “También impactará en la ciudadanía, ya que varias de las propuestas están enfocadas en fortalecer su vínculo con la ciencia, cuyo fin debe ser mejorar la calidad de vida de las personas”.
