El Centro Internacional Cabo de Hornos y la Universidad de Chile proyectan nuevas rutas de colaboración

Una alianza que se mide en décadas

Hay alianzas que se miden en convenios firmados y otras que se miden en décadas de trabajo sostenido, a la intemperie, en uno de los rincones más australes del planeta. La que une a la Universidad de Chile con Puerto Williams pertenece a la segunda categoría. Así quedó de manifiesto en el reciente encuentro que sostuvo el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) con la rectora de la Universidad de Chile, Alejandra Mizala, y el gobernador de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, Jorge Flies, instancia en la que se valoró el respaldo académico que la casa de estudios ha brindado por más de 26 años al Parque Omora y al desarrollo científico en la capital de la Provincia Antártica.

La reunión no fue un mero gesto protocolar. Para quienes conocen la historia de la ciencia subantártica chilena, el vínculo entre la Universidad de Chile y la isla Navarino es parte fundacional de un proyecto que hoy tiene proyección mundial. Desde fines de los años noventa, cuando un grupo de investigadores encabezados por Ricardo Rozzi y Francisca Massardo comenzó a soñar con un laboratorio natural en la ribera del río Róbalo, la Casa de Bello estuvo presente. Figuras como la Premio Nacional de Ciencias Naturales Mary Kalin Arroyo acompañaron el nacimiento del Parque Etnobotánico Omora, fundado en el año 2000, cuyo nombre —“picaflor” en lengua yagán— sintetiza la vocación biocultural de la iniciativa: conservar no solo la biodiversidad de los bosques más australes del mundo, sino también el patrimonio cultural del pueblo que los ha habitado por milenios.

Omora: ciencia de excelencia en el extremo austral

Ese respaldo temprano, sostenido durante más de un cuarto de siglo, permitió que Puerto Williams dejara de ser únicamente un enclave estratégico y naval para transformarse en un polo de investigación de excelencia. En sus mil hectáreas protegidas, el Parque Omora alberga el monitoreo de aves más austral del mundo —iniciado en el año 2000 y considerado el estudio continuo de anidamiento más largo del hemisferio sur— y ha acuñado conceptos que hoy recorren el planeta, como el “ecoturismo con lupa”, esa invitación a agacharse y descubrir los bosques en miniatura de musgos y líquenes que tapizan el extremo austral de América.

El CHIC: un consorcio con proyección mundial

Sobre esa base se levantó, en 2021, el Centro Internacional Cabo de Hornos para Estudios de Cambio Global y Conservación Biocultural, primer centro basal de excelencia de la Región de Magallanes financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID). El CHIC es liderado por un consorcio en el que la Universidad de Chile ocupa un lugar protagónico junto a la Universidad de Magallanes y la Pontificia Universidad Católica, además de una red de universidades nacionales y una alianza internacional coordinada por la Universidad de North Texas. Su sede, el Centro Subantártico Cabo de Hornos, corona hoy el paisaje de Puerto Williams como una plataforma científica de clase mundial, dedicada a estudiar cómo responden los ecosistemas subantárticos al cambio climático y a la homogeneización biocultural que amenaza la diversidad biológica y cultural del planeta.

Un encuentro simbólico y estratégico

En este contexto, el encuentro con la rectora Mizala —quien asumió recientemente la conducción de la Universidad de Chile para el período 2026-2030, convirtiéndose en la segunda mujer en dirigir la institución en sus más de 180 años de historia— adquiere un valor simbólico y estratégico. Simbólico, porque renueva en la nueva administración universitaria un compromiso que ha trascendido rectorías, gobiernos y generaciones de investigadores. Estratégico, porque la cita, que contó con la presencia del gobernador Jorge Flies, permitió proyectar nuevas líneas de colaboración en tres ámbitos decisivos para el futuro de la región: la investigación científica, la formación de capital humano y el desarrollo territorial.

Ciencia con arraigo territorial

No es un detalle menor que estas conversaciones ocurran con la participación activa del Gobierno Regional. La experiencia del CHIC ha demostrado que la ciencia de frontera puede y debe dialogar con las comunidades que habitan el territorio: con las escuelas de Puerto Williams, con la comunidad yagán, con los operadores turísticos, con los pescadores artesanales de la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos. La formación de capital humano avanzado en Magallanes —investigadores, profesionales y técnicos que piensen la región desde la región— es quizás la apuesta más ambiciosa de esta alianza renovada.

A veintiséis años de aquellos primeros pasos en el Omora, el mensaje que deja este encuentro es claro: el conocimiento que se genera en el fin del mundo no es periférico. Es, cada vez más, una centinela que anticipa los cambios globales y un modelo de cómo la universidad pública, la ciencia y el territorio pueden construir futuro juntos, desde Magallanes hacia Chile y el planeta.

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