Un taller internacional en Sudáfrica reunirá esta semana a científicos, pesquería y ONGs para ordenar el conocimiento sobre las islas Orcadas del Sur. Lo coordina un investigador del INACH y la UMAG, y refleja el papel histórico de Chile en el organismo que vela por la vida marina del océano Austral.
Hay un animal de apenas seis centímetros del que dependen las ballenas, las focas y los pingüinos del océano Austral. Se llama kril antártico (Euphausia superba) y, pese a ser una de las especies más abundantes del planeta, su pesca concentra una de las mayores presiones del mar antártico. Cómo conservarlo sin frenar su uso sustentable es la pregunta que esta semana reúne en Sudáfrica a científicos de varios países, con sello magallánico en la coordinación.
Entre el 22 y el 26 de junio de 2026, la ciudad de Hazyview es sede del Taller sobre la Armonización y Planificación Espacial en la Subárea 48.2 de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA, o CCAMLR por su sigla en inglés). El encuentro está coordinado por Francisco Santa Cruz, investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH) y doctorante de la Universidad de Magallanes (UMAG) adscrito al Instituto Milenio BASE, junto al Dr. Andrew Lowther, del Instituto Polar Noruego.
Qué se juega en las Orcadas del Sur
La Subárea 48.2 corresponde a las islas Orcadas del Sur, una extensa región del océano Austral donde opera la pesquería de kril. El objetivo del taller es ordenar y fortalecer el conocimiento científico disponible sobre esa zona, recopilando en un conjunto de metadatos la información aportada por los países miembros de la CCRVMA para habilitar futuros análisis.
Los participantes evaluarán, además, si las herramientas de gestión que ya se usan en la vecina Subárea 48.1 —la península Antártica— pueden trasladarse a la 48.2 o si hace falta diseñar enfoques propios. La discusión abarcará temas sensibles como los límites precautorios de captura del kril, el conocimiento sobre sus poblaciones y desplazamientos, y la armonización de las iniciativas de conservación propuestas para el área, incluida la del Área Marina Protegida en el Dominio 1 (AMPD1).
“Esta instancia representa una oportunidad para fortalecer el conocimiento científico sobre una región que, por las dificultades logísticas, ha sido comparativamente poco estudiada, pero paradójicamente sostiene las mayores capturas de kril del océano Austral”, explica Santa Cruz, quien valora que Chile coordine un encuentro de este nivel.
Un organismo nacido para cuidar el kril
Detrás de esta cita hay más de cuatro décadas de historia. La CCRVMA no es un actor cualquiera: nació, precisamente, por el kril. La Convención se gestó por la preocupación de que el aumento de las capturas de kril en el océano Austral pudiera afectar gravemente a las poblaciones de otras especies marinas que dependen de él para alimentarse. En los años setenta, varias naciones pesqueras volcaron su atención sobre este crustáceo, y el temor a una explotación sin control gatilló las negociaciones.
El resultado fue la Convención sobre la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, firmada en Canberra, Australia, el 20 de mayo de 1980, que entró en vigor el 7 de abril de 1982. Forma parte del Sistema del Tratado Antártico y tiene su secretaría en Hobart, Tasmania. Lo distintivo es su mirada: la CCRVMA y su Comité Científico fueron pioneros en desarrollar lo que hoy se conoce como el enfoque ecosistémico de la pesca, que considera el impacto sobre todas las especies dependientes y relacionadas, y no solo sobre la que se captura.
Hoy la integran 27 Estados miembros, además de otros diez países que han adherido a la Convención, y sus decisiones —desde cuotas de captura hasta áreas protegidas— se adoptan por consenso y sobre la base de la mejor evidencia científica disponible. No es un detalle menor para este taller: la primera área marina protegida internacional establecida en alta mar fue justamente la del sector sur de las islas Orcadas del Sur, propuesta por el Reino Unido en 2009 y vigente desde 2010. El territorio que ahora se busca estudiar mejor ya es, en parte, un laboratorio de conservación.
El sello chileno
Chile ha estado vinculado a la Convención desde sus orígenes y hoy ocupa lugares de peso en su estructura científica. Una muestra es que el Dr. César Cárdenas (INACH–BASE) preside actualmente el Comité Científico de la CCRVMA, el órgano que asesora a los países miembros.
“Este tipo de talleres son importantes ya que permiten invitar a expertos que no participan normalmente en las reuniones, permitiendo aunar esfuerzos y expertises para planificar de mejor manera el manejo espacial y el uso sostenible de los recursos”, señala Cárdenas, quien detalla la cadena que sigue después: lo que surge de estas instancias es analizado por los grupos de trabajo, luego se transforma en recomendaciones que discute el Comité Científico y finalmente llega a la Comisión, que toma las decisiones.
La presencia nacional no se agota ahí. La oceanógrafa Dra. Andrea Piñones, académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad Austral de Chile (UACH) e investigadora del Instituto Milenio BASE y del COPAS Coastal, fue invitada como experta. “El objetivo de esta labor es poder generar un plan de trabajo que permita identificar dónde es necesario enfocar los esfuerzos científicos y qué recomendaciones pueden entregarse a la CCRVMA para apoyar la toma de decisiones”, explica.
Como preparación, el Laboratorio de Procesos Acoplados Biofísicos (LaPAB) de la UACH, que ella lidera, elaboró un documento científico de trabajo (Working Paper) sobre los procesos oceanográficos, la dinámica del hielo marino y los patrones de circulación que modulan la productividad y la conectividad del kril en las Orcadas del Sur. En él participaron Juan Höfer (Pontificia Universidad Católica de Valparaíso), Ángela Bahamonde (Instituto Milenio BASE), Juan Manuel Sayol (Universidad de Alicante) y los jóvenes investigadores Paula Amador y Octavio Mercado-Peña. El estudio se suma a los documentos preparados por los proponentes chileno-argentinos de la AMPD1.
De Sudáfrica a la mesa de decisiones
Más allá de los resultados técnicos, el taller funcionará como espacio de diálogo entre ciencia, administradores de recursos, industria pesquera, ONGs y observadores de la CCRVMA. Sus conclusiones no quedarán en el papel: alimentarán el trabajo del Comité Científico, el mismo organismo que hoy preside un investigador chileno y que tiene la misión de asegurar que las decisiones sobre el océano Austral se tomen con la mejor evidencia disponible.
Para Magallanes y para el país, la cita confirma algo que la ciencia austral viene construyendo hace tiempo: que las decisiones sobre el futuro de la Antártica también se piensan, se investigan y se coordinan desde el extremo sur de Chile.
