La ciencia chilena tiene un nuevo norte, y desde el extremo sur del país conviene mirarlo con atención. Este 27 de mayo, en el Palacio de La Moneda, la presidenta del Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación para el Desarrollo (CTCI), Silvia Díaz Acosta, entregó al Presidente de la República, José Antonio Kast, la Estrategia Nacional CTCI 2026, una hoja de ruta de largo plazo destinada a fortalecer el aporte del conocimiento al desarrollo sostenible del país.
El documento parte de un diagnóstico claro: el mundo atraviesa profundas transformaciones tecnológicas, ambientales, sociales y geopolíticas que están redefiniendo las condiciones del desarrollo. Frente a ese escenario, la Estrategia propone un cambio de mirada: avanzar desde una lógica fragmentada hacia un enfoque sistémico, donde la ciencia, la tecnología, el conocimiento y la innovación se conviertan en verdaderas capacidades estratégicas para enfrentar desafíos complejos.
“La velocidad de los cambios que estamos viviendo obliga a Chile a fortalecer su capacidad de anticipación y construcción de futuro”, señaló Díaz Acosta. El Presidente Kast, por su parte, reivindicó el papel del conocimiento en el porvenir del país —”Chile cree en la ciencia, Chile necesita la ciencia, y Chile no tiene futuro sin ciencia”— y describió el texto como “un libro vivo”, un insumo para que ministerios y reparticiones del Estado ordenen prioridades y orienten decisiones.
Para Magallanes, la Estrategia resuena de manera especial. Sus seis objetivos estratégicos y sus áreas priorizadas tocan de cerca las grandes vocaciones científicas de la región. La apuesta por la energía sostenible dialoga directamente con el desafío del hidrógeno verde, llamado a convertir los vientos patagónicos en uno de los motores energéticos del Chile que viene. El énfasis en las tecnologías habilitantes —inteligencia artificial y biotecnología— abre camino a la investigación sobre los ecosistemas subantárticos, los microorganismos extremófilos y la riqueza genética única de los mares australes. Y el foco en los emprendimientos tecnológicos basados en recursos naturales conecta con la tradición productiva regional, desde la pesca hasta el turismo de intereses especiales.
No menos relevante es el horizonte antártico. Magallanes, puerta de entrada al continente blanco, encarna como pocos territorios esa “capacidad estratégica de largo plazo” que la Estrategia busca robustecer: la ciencia polar no solo es conocimiento de frontera, sino también soberanía, proyección internacional y comprensión del cambio climático global.
La Estrategia también pone el acento en fortalecer los hubs regionales de innovación, un punto clave para que el desarrollo científico no se concentre en el centro del país. Para una región alejada de la capital pero rica en talento e instituciones —universidades, centros de investigación y programas antárticos—, este compromiso con la descentralización del conocimiento es una oportunidad concreta.
Fruto de cuatro años de diálogos territoriales y de la participación de más de 2.000 personas solo en 2025, la Estrategia Nacional CTCI 2026 es, en definitiva, una invitación abierta. Y Magallanes, con su viento, su mar y su mirada hacia la Antártica, tiene mucho que aportar a esa trayectoria de desarrollo más sostenible, resiliente y basada en conocimiento.
