Armada y Ministerio del Medio Ambiente capacitaron a 26 especialistas en herramientas para medir y reducir el impacto acústico del tráfico marítimo sobre la fauna marina, incluidos cetáceos que habitan aguas australes.
En un país con más de 83.000 kilómetros de borde costero y aguas patagónicas habitadas por ballenas azules, jorobadas y delfines australes, el ruido que generan los buques bajo el mar se ha convertido en una amenaza silenciosa pero medible. Para enfrentarla con datos y tecnología, Chile acaba de dar un paso concreto.
Los días 23 y 24 de abril, en el Centro de Instrucción y Capacitación Marítima (CIMAR) de Valparaíso, la Dirección de Intereses Marítimos y Medio Ambiente Acuático (DIRINMAR) de la Armada, junto al Ministerio del Medio Ambiente y la Organización Marítima Internacional (OMI), capacitaron a 26 profesionales de distintos servicios del Estado, universidades y centros de investigación. El taller se enmarca en el proyecto GEF-UNDP GloNoise Partnership, del cual Chile participa como país piloto.
El ruido submarino radiado por los buques ha aumentado 3 decibeles por década, afectando gravemente los ecosistemas marinos e interfiriendo con funciones vitales de las especies. Ballenas y delfines son especialmente vulnerables, ya que dependen del sonido para comunicarse a larga distancia, mientras que las aguas costeras, donde se concentra la biodiversidad marina, resultan las más sensibles a esta forma de contaminación.
El Contraalmirante Litoral Daniel González, Director de DIRINMAR, subrayó que “el esfuerzo conjunto de los distintos servicios del Estado, organismos internacionales, la academia y centros de investigación ha sido fundamental para construir una mirada integral, robusta y basada en evidencia”. A su vez, el Capitán de Fragata Litoral Manuel Fuenzalida, Coordinador Nacional del proyecto OMI GloNoise, destacó que la herramienta formativa es “tangible, abierta y gratuita”, y enfatizó “el potencial que esto tiene para desarrollar cooperación a nivel regional con otros países de Latinoamérica y la zona del Asia Pacífico”.
La capacitación se centró en el software RAINDROP, plataforma desarrollada por las empresas Aquaterra y Blue Oasis, que analiza datos de navegación AIS y variables oceanográficas para estimar la presión sonora en zonas sensibles. Jorge Guerra, de la Unidad de Biodiversidad y Gestión Ecosistémica de SUBPESCA, valoró que la herramienta “nos permite entender, visibilizar, gestionar y administrar estas fuentes de amenaza (…) y eventualmente generar políticas públicas que tengan que ver con el equilibrio entre la producción y el cuidado del medio ambiente”.
Dado que los buques cruzan habitualmente fronteras internacionales, la gestión de este ruido exige una respuesta internacional coordinada, reconocida por primera vez en la OMI en 2004. El objetivo de la Fundación Okeanos es reducir en tres decibeles por década el ruido submarino durante los próximos 30 años, una meta ambiciosa pero considerada alcanzable.
Para Magallanes, región de pasos obligados del tráfico marítimo mundial y hogar de ecosistemas únicos, estas capacidades nacionales no son un asunto lejano: son una herramienta directa para proteger el patrimonio natural que define al extremo austral de Chile.
