El regreso del Viel: Punta Arenas cierra la ECA 62 y reafirma su sello como puerta de entrada al Continente Blanco

Punta Arenas, 29 de abril de 2026. Cuando el rompehielos “Almirante Viel” de la Armada de Chile amarró en el muelle Prat con las últimas dotaciones a bordo, no solo concluyó una travesía: terminó una de las campañas antárticas más complejas y ambiciosas de los últimos años. Con ese arribo, el Instituto Antártico Chileno (INACH) dio por cerrada la etapa estival de la 62.ª Expedición Científica Antártica (ECA 62), un despliegue que se extendió desde noviembre de 2025 hasta la primera semana de abril de 2026 y que dejó a Punta Arenas, una vez más, ratificada como el núcleo logístico desde el cual el mundo accede al Continente Blanco.

La ECA 62 fue, en rigor, una operación de orquesta. Detrás de cada muestra de hielo, de cada sensor instalado en la “Antártica Profunda”, de cada investigadora que pisó la península, hubo una red de transporte, planificación y cooperación que articuló a tres ramas de las Fuerzas Armadas chilenas —Armada, Ejército y Fuerza Aérea— con buques y aeronaves de las marinas de Colombia y Perú, en un gesto concreto de hermandad latinoamericana en latitudes donde la geopolítica se mide en grados de hielo. A ese andamiaje internacional se sumó, en clave local, el trabajo del buque “Betanzos”, los vuelos de Aerovías DAP y la lancha científica “Karpuj” del INACH, que durante el verano austral acompañó proyectos oceanográficos y biológicos en zonas costeras de la península Antártica.

Las cifras dan cuenta de la magnitud del esfuerzo. El INACH brindó soporte logístico a 393 personas, movilizó 10.687 kilogramos de carga por vía aérea y 82.742 kilogramos —460 metros cúbicos— por vía marítima. En terreno se desarrollaron 40 proyectos científicos de alta complejidad, desde muestreos de vegetación, nieve, agua, kril y peces hasta mediciones glaciológicas. Un total de 140 investigadores trabajaron en territorio antártico, 64 mujeres y 76 hombres, y la participación femenina en la temporada completa alcanzó las 119, cumpliendo roles como científicas, profesionales logísticas, estudiantes y autoridades. Es una cifra que ya no sorprende, pero que sigue siendo motivo legítimo de orgullo: la ciencia polar chilena tiene rostro de mujer en proporciones que pocos programas nacionales del mundo pueden exhibir.

El corazón científico de la campaña latió en altura y en profundidad. En el monte Vinson, a mil kilómetros del polo sur y cerca del glaciar Unión, un equipo del INACH instaló un nuevo sensor del cambio climático, sumándose a la red que captura datos en tiempo real de la “Antártica Profunda”. Gracias al apoyo de un buque de la Armada de Colombia, profesionales del Instituto pudieron además realizar mantenimiento a los sensores ya desplegados en la Península, asegurando la continuidad de un registro climático que será clave en las próximas décadas. A ello se sumaron investigaciones sobre el retroceso glaciar y los avances de la colonización vegetal en la Península, dos indicadores silenciosos pero elocuentes de la crisis climática en curso.

El director del INACH, Gino Casassa Rogazinski, resumió el balance con sobriedad: la campaña no solo cumplió con el despliegue logístico necesario para sostener la ciencia chilena en el territorio antártico, sino que permitió profundizar en investigaciones sobre el cambio climático y abrir las bases nacionales a una cooperación internacional cada vez más diversa. Chile apoyó a 13 Programas Antárticos Nacionales y desarrolló colaboraciones especiales con Alemania, Brasil, Colombia, Corea del Sur, Ecuador, España, Estados Unidos, Guatemala, Perú, Polonia, Portugal, Rusia y Türkiye, además de aportar a un proyecto de China en el marco de la red internacional POLARIN. La diplomacia polar, ese ámbito donde los acuerdos se firman entre vientos catabáticos, encontró en la ECA 62 un escenario propicio.

La ECA 62 también tuvo su capítulo de visitas de alto nivel. Un grupo de embajadores de los países “puerta de entrada” al Continente Blanco recorrió las instalaciones chilenas, y el Ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, visitó la base “Profesor Julio Escudero”, en isla Rey Jorge, donde se reunió con investigadoras e investigadores y reafirmó el compromiso de Chile con el Tratado Antártico. El cierre de la campaña contó además con la presencia de la Delegada Presidencial de Magallanes y de la Antártica Chilena, Ericka Farías Guerra, en un gesto que subrayó el vínculo indisoluble entre la región y el territorio polar.

En infraestructura, la base Escudero completó la reposición de su techumbre para enfrentar el riguroso invierno polar, y por segundo año consecutivo permanecerá abierta para investigación durante la etapa invernal. El funcionario del INACH Jorge Kuimer asumió como jefe de base, acompañado por dos investigadores del equipo del destacado científico Francisco Fernandoy. Mientras tanto, las investigaciones se extendieron también a la base “Bernardo O’Higgins” del Ejército y a la base “Yelcho” del INACH en isla Doumer, sumando tres campamentos en isla Livingston, punta Armonía y punta Spring.

La dimensión educativa y cultural de la expedición tuvo dos hitos especialmente luminosos. La Expedición Antártica Escolar permitió que los ganadores de la última Feria Antártica Escolar pisaran el Continente Blanco como parte de su premio, conociendo el ecosistema polar y compartiendo con investigadores de bases extranjeras. Y en la base Escudero se inauguró una exposición dedicada a Gabriela Mistral, desarrollada en colaboración con el Museo Gabriela Mistral de Vicuña, conmemorando los 80 años desde que la poeta chilena recibiera el premio Nobel de Literatura. Que Mistral —voz del valle del Elqui— llegue al hielo antártico como símbolo no es casualidad: es el reconocimiento de que el legado humanista también pertenece a estas latitudes.

Cuando los últimos equipos logísticos descendieron del “Viel”, Punta Arenas volvía a confirmarse como lo que es desde hace décadas: la bisagra entre el continente sudamericano y el sexto continente, el puerto desde el cual la ciencia chilena —y buena parte de la ciencia mundial— accede a uno de los laboratorios naturales más decisivos del planeta. La ECA 62 cerró su etapa estival, pero el destello del trabajo antártico no se apaga: en Escudero, bajo el invierno polar, tres chilenos siguen sosteniendo la presencia nacional en el hielo. Otra historia, también, escrita entre viento, mar y soledad.

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