Aulas digitales exponen a menores a ciberataques y grooming

Miguel Ángel Mendoza, security researcher de ESET Latinoamérica, explica cómo instituciones educativas enfrentan 450 mil nuevos códigos maliciosos diarios mientras menores navegan sin conocer riesgos que van desde malware hasta abuso sexual online, desafío que requiere actualización urgente de docentes y padres.

La desaparición de las pizarras con tiza marca más que un cambio estético: representa la digitalización total del aula donde cada dispositivo conectado es puerta de entrada para amenazas que los menores no están preparados para identificar. Miguel Ángel Mendoza, security researcher de ESET para Latinoamérica, advierte sobre una realidad que muchos adultos desconocen: las instituciones educativas son objetivo frecuente de ciberataques con consecuencias que trascienden lo digital.

Dos categorías de riesgo convergentes

Los peligros se clasifican en riesgos tecnológicos (malware, phishing, programas maliciosos que afectan dispositivos e información) y riesgos asociados a conductas humanas. Entre estos últimos destaca el grooming: adultos que se hacen pasar por menores para contactarlos y abusar de ellos, incluso físicamente.

El ciberacoso entre pares y el sexting —aunque consensuado— generan consecuencias graves. “Lo que se publica en internet, aunque se borre, siempre hay alguien que lo respaldó con un pantallazo. Más información permite tomar mejores decisiones”, señala Mendoza.

Instituciones educativas como objetivo

Durante la pandemia, ESET identificó incremento de ataques a instituciones educativas de todos los niveles: robo de información personal, secuestro de archivos, ataques de denegación de servicio que dejan sistemas inutilizables. “Toda la información tiene valor. Se comercializa en foros: credenciales de redes sociales, correos, aplicaciones de mensajería, servicios de transporte, aplicaciones de citas”, explica el especialista.

Algunos malware como miners utilizan recursos de computadoras escolares para minería de criptomonedas. ESET detecta diariamente 450 mil nuevos códigos maliciosos, cifra que representa crecimiento del 50% respecto a 2020 cuando se registraban 300 mil.

La falsa seguridad del dominio tecnológico

“Creemos falsamente que los menores no podrían ser víctimas porque manejan muy bien la tecnología. Pero aunque la manejen, desconocen los peligros”, advierte Mendoza. Esa inocencia combinada con habilidad técnica crea vulnerabilidad única: saben navegar pero no identificar amenazas.

Tres pilares de protección

Tecnologías de seguridad: Utilizar software especializado que detecte amenazas en tiempo real.

Buenas prácticas: Actualizar contraseñas constantemente, usar contraseñas distintas por servicio, activar doble autenticación (capa adicional que protege incluso cuando credenciales son robadas), actualizar software y respaldar información.

Educación continua: “Necesitamos empezar a informarnos. Así como nos cuidamos al salir a la calle, necesitamos hacerlo en el ámbito digital”, señala Mendoza. Esta responsabilidad recae en adultos que deben actualizarse para aconsejar efectivamente a menores.

Desafío docente en aulas interactivas

Profesores enfrentan doble desafío: enseñar contenidos curriculares mientras gestionan seguridad digital de estudiantes en entornos hiperconectados. “Hay resistencia real, pero esto se ha convertido en necesidad, no en opción”, reconoce el especialista.

La línea entre mundo físico y digital es cada vez más delgada. Los peligros online pueden materializarse en consecuencias físicas reales. El objetivo final: crear cultura de ciberseguridad donde se disfrute la tecnología en lugar de padecerla.

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