Lo que Barbie no puede hacer

Retratos Académicos de Química y Farmacia y Terapia Ocupacional, Concepción 28 de septiembre del 2022

Pamela Seguel Molina
Académica de Terapia Ocupacional
Universidad Andrés Bello

La evolución de Barbie no es solo la historia de un juguete. De ser un canon de belleza inalcanzable, pasó a encarnar el lema “tú puedes ser lo que quieras”. En los últimos años, Mattel ha intentado ampliar ese mensaje incorporando la neurodivergencia en su línea Fashionistas. La primera Barbie con autismo incluye audífonos de cancelación de ruido, una tablet de comunicación, un fidget spinner y una mirada que evita el contacto visual. Para muchas niñas, el impacto emocional de verse reflejadas es profundo y significativo.

El autismo en mujeres ha sido históricamente invisibilizado, mal diagnosticado o camuflado mediante social masking: expectativas de género que empujan a niñas y adolescentes a ocultar su autenticidad para encajar en lo “socialmente correcto”. Que un referente global de la feminidad reconozca otras formas de comprender y habitar el mundo es un gesto potente de legitimación identitaria. Ver reflejada la necesidad de regulación sensorial no es un detalle; es una señal de existencia, validez y derecho a ocupar espacio sin máscaras.

Sin embargo, no podemos ignorar el objetivo corporativo. La diversidad se ha convertido en un recurso de mercado. Al incorporar diagnósticos visibles, Mattel no solo representa: amplía su alcance comercial y repara una imagen construida durante décadas bajo estereotipos restrictivos y capacitistas. En ese escenario, la inclusión corre el riesgo de transformarse en una colección comprable, reduciendo luchas reales a accesorios intercambiables.

Aquí emerge una contradicción clave. Aplicar “puedes ser lo que quieras” al autismo simplifica una experiencia humana compleja. La neurodivergencia no es una profesión que se elige ni un traje que se quita; es una forma de ser, sentir y relacionarse. Asociarla a accesorios específicos puede abrir la puerta a nuevos estereotipos sobre cómo “debería” verse o comportarse una persona autista.

Desde la perspectiva del Diseño Universal, los apoyos sensoriales son herramientas humanas que cualquiera puede necesitar. Todas las personas utilizamos distintas estrategias para autorregularnos. Si todas las muñecas incorporaran estos elementos, el mensaje sería más potente: la autorregulación sensorial no pertenece a un diagnóstico, sino a la diversidad humana. La transformación real ocurre cuando estos apoyos se entienden como parte natural del entorno cotidiano, no como marcas de una condición.

Barbie ha demostrado una enorme capacidad para adaptarse a las tendencias del mercado. Pero la neurodivergencia no es una estética. Esta muñeca aporta visibilidad y puede abrir conversaciones necesarias, pero no transforma por sí sola la estructura social. Ese desafío nos corresponde a nosotros: cuestionar prejuicios, cambiar actitudes y construir entornos donde nadie deba pedir permiso por su forma particular de ser, sentir y relacionarse. La inclusión real no se mide por la variedad en una vitrina, sino por el respeto y la dignidad que garantizamos en la vida cotidiana.

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