Uso indebido de luz artificial afecta observación científica, astroturismo, biodiversidad y ciclos circadianos humanos. Proyecto IluminAconCiencia de ULS instala nodos de medición y promueve reemplazo de luces frías por cálidas con orientación hacia suelo. Solución técnica reduce dispersión hacia cielo, mantiene seguridad urbana y disminuye costos energéticos municipales.
La Serena, noviembre de 2025. El astrónomo Sergio Torres Flores de Universidad de La Serena advirtió que Región de Coquimbo, reconocida como principal polo astronómico de Chile por calidad excepcional de cielos que permitió instalación de observatorios de relevancia internacional, enfrenta escenario delicado por aumento sostenido de contaminación lumínica que amenaza directamente oscuridad natural del cielo nocturno. El fenómeno no solo afecta trabajo de observatorios sino también repercute en salud humana alterando ciclos de sueño mediante supresión de melatonina por exposición nocturna a luz artificial, afecta biodiversidad desincronizando patrones de alimentación, reproducción y migración de especies nocturnas, y disminuye calidad del astroturismo reduciendo visibilidad de objetos celestes débiles que atraen visitantes. Torres enfatizó importancia de que comunidad comprenda impacto cotidiano: “Chile posee cielos privilegiados que han permitido instalación de múltiples observatorios”, generando beneficios científicos, educativos y turísticos para región que pueden perderse sin gestión adecuada de iluminación urbana.
Impactos múltiples de contaminación lumínica
La contaminación lumínica, definida como alteración de niveles naturales de luz en ambiente nocturno por fuentes artificiales, genera efectos cascada en múltiples dimensiones. En astronomía observacional, brillo difuso del cielo (skyglow) producido por dispersión de luz en atmósfera reduce contraste entre objetos celestes y fondo, limitando capacidad de telescopios para detectar galaxias débiles, exoplanetas o eventos transitorios. En biodiversidad, especies nocturnas como aves migratorias se desorientan por luces urbanas causando colisiones con edificios, insectos nocturnos experimentan mortalidad masiva atraídos por lámparas alterando polinización y cadenas tróficas, y tortugas marinas recién eclosionadas confunden iluminación costera con reflejo lunar en océano dirigiéndose hacia tierra en lugar del mar. En salud humana, exposición a luz artificial rica en espectro azul durante noche suprime producción de melatonina, hormona que regula ciclo circadiano, generando trastornos del sueño, fatiga crónica y riesgo aumentado de enfermedades metabólicas y cardiovasculares.
Proyecto IluminAconCiencia: medición y educación
Torres valoró proyecto “IluminAconCiencia” dirigido por Dr. Marcelo Jaque que busca “concientizar sobre efectos del uso excesivo de luz artificial, enseñando medidas como reemplazar luces frías por alternativas más cálidas y contando con nodos de medición para monitorear iluminación del cielo en diferentes puntos de región”. Los nodos permiten cuantificar brillo del cielo nocturno (magnitud por segundo de arco cuadrado) estableciendo línea base que identifica zonas críticas y evalúa efectividad de intervenciones mediante comparaciones temporales que evidencian mejoras o deterioros objetivos.
Soluciones técnicas sin comprometer seguridad
Torres recalcó que “solución no pasa solo por disminuir luminosidad de espacios, sino por aplicarla de manera adecuada. Orientar luminarias hacia suelo y evitar dispersión permite reducir brillo innecesario que escapa hacia cielo y, al mismo tiempo, disminuir costos energéticos a nivel municipal y doméstico”, consolidando enfoque donde iluminación bien diseñada mediante luminarias con ópticas dirigidas, temperatura de color cálida (bajo contenido de espectro azul), intensidad ajustada a necesidades reales y sensores de movimiento que activan luz solo cuando necesaria, mantiene seguridad urbana mientras protege cielo nocturno, reduce consumo eléctrico y preserva salud de ecosistemas nocturnos.