Hay concursos de fotografía que buscan la imagen perfecta. Y hay otros, más escasos, que buscan algo adicional: que cada imagen enseñe, documente y movilice. A esta segunda estirpe pertenece el Concurso Fotográfico Ojo de Pez, cuya convocatoria 2026 quedó oficialmente abierta en el marco del Día de los Océanos, invitando a retratar la belleza, la biodiversidad y los desafíos ambientales de los mares, ríos, lagos y humedales de Chile. Las postulaciones estarán abiertas hasta el 15 de julio de 2026 a través del sitio www.ojopez.cl.
Lo que distingue a este certamen de otros similares es su origen y su propósito: no nació en una agencia de publicidad ni en un club fotográfico, sino en el corazón mismo de la academia. La edición 2026 es organizada por el Instituto de Ciencias Marinas y Limnológicas (ICML) de la Universidad Austral de Chile (UACh), junto a la Fundación Corallina y CienciaenChile.cl, con el auspicio de la Facultad de Ciencias de la UACh y el proyecto Ciencia para la Innovación 2030 (Consorcio Sur-Subantártico, Ci2030), entre otros colaboradores. Es decir, ciencia organizando arte para comunicar ciencia.
Un concurso nacido en un laboratorio
La historia de Ojo de Pez es, en sí misma, una historia de cultura científica. Sus raíces se remontan a 2004, cuando un grupo de estudiantes de Biología Marina de la UACh quiso dejar un legado al inaugurar el Laboratorio Costero Calfuco, en la región de Los Ríos, y organizó una exposición fotográfica con imágenes de las áreas de muestreo. Lo que comenzó como una iniciativa interna de una carrera científica fue abriéndose progresivamente: primero a la comunidad universitaria, luego a todas las universidades vinculadas a las ciencias del mar y, finalmente, al público general de todo el país.
En ese camino, el certamen sumó el respaldo de instituciones de investigación de primer nivel, como el Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL) y, en varias ediciones, el Instituto Antártico Chileno (INACH), con sede en Punta Arenas. A lo largo de trece años de trayectoria ha convocado a más de 1.500 participantes, y su huella ha quedado plasmada en libros, exposiciones presenciales y virtuales, y muestras itinerantes que han llegado hasta nuestra región, exhibiéndose en espacios como el Parque del Estrecho y en colegios y bibliotecas de Magallanes y la Antártica Chilena.
La fotografía como herramienta científica
¿Por qué un instituto de ciencias marinas dedica esfuerzos a un concurso fotográfico? Porque la imagen es una de las herramientas más poderosas de la comunicación científica. Una buena fotografía de un humedal amenazado, de una colonia de aves marinas o de un glaciar en retroceso puede transmitir en segundos lo que un informe técnico tarda páginas en explicar. El coordinador del concurso y académico del ICML de la UACh, Dr. José Garcés, lo planteó al lanzar esta edición: la invitación es a observar con atención los ecosistemas acuáticos que forman parte de la vida cotidiana, porque una fotografía puede transmitir la belleza de estos ambientes y, a la vez, generar reflexión sobre su importancia y los desafíos que enfrentan. El objetivo declarado del certamen es “conectar a la ciudadanía con el valor ecológico, social y cultural” de los ríos, lagos, humedales y mares del país.
Esa vocación se nota incluso en el premio mayor: el ganador o ganadora absoluta no recibirá un cheque, sino una estadía de una semana en la Estación Experimental Quempillén de la UACh, en la isla de Chiloé. Es decir, el galardón es vivir la ciencia desde dentro, compartiendo el territorio donde se investiga. Pocas distinciones fotográficas en Chile expresan con tanta claridad el espíritu de un concurso.
Una convocatoria que forma observadores
La edición 2026 trae además una señal potente en clave de educación científica: pueden participar todas las personas desde los 10 años de edad que residan en Chile, con distinciones especiales para los menores de 18. Las fotografías pueden capturarse con cualquier cámara digital, incluyendo teléfonos móviles, y cada participante podrá enviar hasta tres imágenes inéditas. La democratización es total: ya no se necesita un equipo profesional para participar, sino algo mucho más valioso y formativo, la capacidad de observar.
Y observar es, precisamente, el primer acto de la ciencia. Cada niño, niña o adulto que sale a buscar una imagen para Ojo de Pez termina preguntándose qué especie es esa, por qué ese río baja con ese color, qué amenaza a ese humedal. El concurso funciona así como una escuela informal de naturalistas, en la mejor tradición de la ciencia ciudadana. A ello se suman la categoría “Elección del Público”, donde la comunidad digital vota por sus favoritas, y la Exposición Oficial Ojo de Pez 2026, que reunirá las 32 mejores fotografías en formato presencial y virtual, prolongando el efecto divulgador del certamen mucho más allá de la premiación.
Magallanes: un territorio con ventaja
Para nuestra región, la convocatoria tiene un sabor especial. La historia del concurso ha estado ligada al mundo austral: en ediciones anteriores existió una categoría dedicada a los ambientes antárticos y subantárticos, enfocada en las regiones de Aysén y de Magallanes y de la Antártica Chilena, y la fotografía ganadora de 2023 llevó por título “Última Esperanza”. No es casualidad: entre el Estrecho, los fiordos, los canales, las turberas, los glaciares y el océano Austral, Magallanes concentra algunos de los ecosistemas acuáticos más singulares y mejor conservados del planeta, los mismos que estudian a diario los centros de investigación instalados en la región.
Por eso, desde Ciencia en Magallanes hacemos nuestra la invitación: tome su cámara o su teléfono, salga a mirar el territorio con ojos de naturalista y postule antes del 15 de julio de 2026. Porque en un concurso como Ojo de Pez no solo gana quien obtiene el premio: gana la ciencia, que suma nuevos ojos para observar; ganan los ecosistemas, que suman nuevos defensores; y gana el país, que aprende a valorar, imagen a imagen, el inmenso patrimonio de agua y vida que lo rodea.
