Los doctores Hugo Benítez y César Cárdenas representan a Chile en la 48.ª Reunión Consultiva del Tratado Antártico y la 28.ª reunión del Comité para la Protección del Medio Ambiente, instancias decisivas para la gobernanza polar. Ambos investigadores integran redes científicas con fuerte presencia austral —entre ellas el CHIC y el Instituto Milenio BASE— y trasladan a Japón la evidencia generada desde el extremo sur del planeta.
La ciudad de Hiroshima, en Japón, se ha convertido esta semana en uno de los epicentros mundiales del debate sobre el futuro de la Antártica. Hasta allí llegaron delegaciones científicas y diplomáticas de distintos países para participar en la 48.ª Reunión Consultiva del Tratado Antártico (RCTA) y la 28.ª reunión del Comité para la Protección del Medio Ambiente (CPA), espacios donde gobiernos y equipos científicos discuten medidas sobre conservación, biodiversidad y cambio climático en el continente blanco. La cita ocurre en un momento particularmente sensible: la comunidad científica internacional viene advirtiendo desde hace años sobre la creciente presión ambiental que enfrenta la Antártica, con alertas sostenidas sobre el calentamiento de los mares australes, el retroceso de hielos, la llegada de especies invasoras y la vulnerabilidad de ecosistemas únicos en el planeta.
En representación de Chile concurren dos investigadores cuyos vínculos con la ciencia austral son especialmente relevantes para nuestra región. El Dr. Hugo Benítez, académico de la Universidad Andrés Bello (UNAB), investigador del Proyecto Anillo PIC², del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) y del Instituto Milenio BASE (Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos), participa como delegado del Scientific Committee on Antarctic Research (SCAR) en las discusiones vinculadas a biodiversidad terrestre, bioseguridad y monitoreo de especies invasoras. A su lado, el Dr. César Cárdenas, investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH) y también de BASE, aporta su experiencia en conservación marina y gobernanza internacional de los recursos vivos del océano Austral, desde su rol en la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR), donde además preside el comité científico.
Cuando la ciencia debe llegar hasta donde se toman las decisiones
“La investigación no termina en los datos ni en los papers”, plantea Benítez, doctor en Biología Evolutiva. “La evidencia científica también debe estar presente en los espacios donde se discuten medidas de protección ambiental, conservación y gobernanza para la Antártica”. En las sesiones de Hiroshima, desarrolladas en el marco de la Antarctic Treaty Consultative Meeting, el investigador revisa antecedentes vinculados a biodiversidad terrestre, bioseguridad y monitoreo de especies invasoras en ecosistemas antárticos, como parte del trabajo del SCAR, organismo asesor del Sistema del Tratado Antártico.
Su mirada se complementa con la del Dr. Cárdenas, quien subraya el carácter estratégico de articular agendas entre instancias distintas. “Siempre es importante participar en estas instancias, ya que tanto el CPA como el SC-CAMLR tienen mandatos y formas de trabajar distintas, lo cual plantea desafíos para avanzar en los temas comunes”, explica el doctor en Biología Marina. Este año, agrega, la cita tiene un peso particular: “Se ha desarrollado un taller conjunto entre el CPA y SC-CAMLR para discutir cómo avanzar en materias relacionadas con el cambio climático y el monitoreo del ecosistema antártico”, instancia clave dado el rol técnico de ambos órganos en entregar recomendaciones a los Estados miembros.
Una ciencia austral con voz global
La presencia de Benítez y Cárdenas en Hiroshima refleja algo más que dos participaciones individuales: evidencia el peso creciente que la ciencia chilena —y particularmente la red de investigación austral articulada por el CHIC, BASE, INACH y la Universidad de Magallanes en el territorio— ha alcanzado en los foros internacionales que definen el destino de la Antártica. Desde la biodiversidad terrestre hasta la conservación marina, desde el monitoreo de especies invasoras hasta la gobernanza de los recursos vivos del océano Austral, la evidencia producida en los laboratorios y campañas del extremo sur del país viaja hoy hasta las mesas donde se construyen las decisiones globales sobre el continente blanco.
Es, en definitiva, una confirmación de que la ciencia hecha desde el sur no solo describe a la Antártica: también participa activamente en proteger su futuro.
