Hay lugares donde la ciencia no se conferencia, se respira. Puerto Williams, la ciudad más austral del mundo, fue entre el 11 y el 15 de mayo de 2026 el escenario de una gesta silenciosa: la IV Conferencia Internacional del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), bajo el lema “Centinelas del Cambio Climático”. Allí, donde el viento del Beagle muerde los abrigos y la nieve cubrió las calles el lunes inaugural, cientos de investigadores nacionales e internacionales convirtieron la Reserva de la Biósfera Cabo de Hornos en un templo abierto del conocimiento subantártico.
La inauguración en el Centro Subantártico Cabo de Hornos de la UMAG dio cuenta del peso institucional del encuentro. Acudieron la delegada presidencial regional, Ericka Farías, en su primera visita oficial a la provincia Antártica; el seremi de Ciencias, Carlos Olave, quien consagró a Puerto Williams como capital de la ciencia subantártica; el seremi de Medioambiente, Gonzalo Rosenfeld; el alcalde Patricio Fernández; y el comandante del Distrito Naval Beagle, capitán Manuel Iturria. Olave recordó que las investigaciones allí producidas “son un activo clave que aporta directamente a las decisiones políticas nacionales e internacionales”.
Singular fue la presencia del seremi de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Rodrigo Bravo Garrido, quien durante tres jornadas consecutivas habitó la conferencia con un convencimiento poco habitual. Bravo no llegó a saludar y partir: se quedó, escuchó y protagonizó. Fue figura central en la presentación del libro “Geodécimas”, del Dr. Ramiro Bustamante, obra que une la décima popular con la geodiversidad. “Esta mixtura entre ciencias naturales y humanidades es el sinónimo del actual desarrollo del conocimiento”, afirmó, sosteniendo que la conferencia “refleja una política de Estado donde el medio ambiente y la cultura van de la mano”.
El corazón científico latió en las exposiciones. El Dr. Máximo Frangópulos, director alterno del CHIC e investigador asociado al Instituto Milenio BASE, expuso los avances del monitoreo de floraciones algales nocivas desde una red internacional que articula a siete países. Cinco décadas después de las primeras muertes por marea roja en 1971, Frangópulos sintetizó la épica de una ciencia que acumula casi 25 años sin víctimas regionales, proyectando el nuevo laboratorio de Puerto Williams hacia la acreditación sanitaria internacional. El historiador magallánico Francisco Sánchez entregó una mirada singular: el desarrollo de la ciencia a través del mar, hilando cartografía y oceanografía contemporánea, devolviendo densidad histórica al encuentro, dando cuenta de un proceso mayor escrito en el continúo universal que es el mar.
Por sobre todo, brilló la tríada virtuosa de la ciencia subantártica: Ricardo Rozzi, Andrés Mansilla y Francisca Massardo. Rozzi, referente nacional, director de investigación CHIC y arquitecto de la filosofía ambiental de campo, explicó el lema: “Centinelas del Cambio Climático es una alarma… un grito de alerta. La dan las plantas, la dan los pájaros”. Massardo, directora del Campus Cabo de Hornos UMAG, planteó que el desafío es consolidar capacidad científica instalada en Puerto Williams, lo cual conlleva una cadena geopolítica y diplomática que permite enfrentar la ocupación territorial “en una forma de soberanía pacífica”. Mansilla, director del CHIC, encarna la articulación operativa que sostiene la red. Tres nombres, una sola visión: que el extremo sur no sea periferia, sino faro.
La comunidad no fue espectadora. La pre-conferencia abrió talleres en Punta Arenas —dendrocronología, ecosistemas marinos, historia glacial urbana—. En Puerto Williams, charlas magistrales, conversatorios, visitas al Parque Omora, presentaciones de libros y el XIV Congreso de SOCIETUR sumaron a residentes yaganes, escolares y profesores.
El CHIC acaba de cerrar su primer ciclo de cinco años como Centro de Excelencia Basal ANID. Lo construido es notable: laboratorio de marea roja propio, red internacional con siete países, campus universitario consolidado. Pero este piso no puede ser el techo. Sostener al CHIC, fortalecer su financiamiento y proyectarlo como plataforma de soberanía científica permanente es una deuda nacional. La IV Conferencia fue punto de encuentro en el fin del mundo. Que también sea, ahora, el comienzo del próximo capítulo.
