Chile lidera estudio sobre patógenos y contaminantes antárticos

Un nuevo proyecto científico chileno investigará cómo patógenos emergentes y contaminantes ambientales están afectando a la fauna de la Antártica y la región subantártica.

La iniciativa, financiada por ANID con $660 millones, integrará vigilancia activa, genómica, ecotoxicología y modelamiento predictivo para evaluar riesgos sanitarios y ambientales en uno de los ecosistemas más sensibles del planeta.

Chile fortalece su liderazgo en ciencia polar con la adjudicación del proyecto “Riesgos emergentes en la Antártica y la Región Subantártica: Evaluación de Patógenos y Contaminantes en la Fauna Silvestre mediante Vigilancia Activa” (ATE250053), seleccionado en el Concurso Anillos de Investigación en Áreas Temáticas Específicas 2025 de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID).

La iniciativa contará con un financiamiento total de $660 millones por tres años y será liderada por el Dr. Víctor Neira Ramírez, de la Universidad de Chile, con la participación del Instituto Antártico Chileno (INACH) como institución asociada, a través del biólogo Marcelo González.

Patógenos emergentes y contaminantes persistentes

El proyecto busca comprender cómo virus, bacterias y resistencia antimicrobiana, junto a contaminantes ambientales como dioxinas, PCB y microplásticos, están interactuando con la fauna silvestre antártica y subantártica. Estos ecosistemas, históricamente considerados aislados, enfrentan hoy una mayor presión debido al cambio climático, el deshielo y el aumento de la actividad humana.

“La Antártica y la región subantártica son verdaderos centinelas del planeta. Cambios ambientales acelerados pueden favorecer la introducción y diseminación de patógenos y contaminantes que alteran equilibrios ecológicos esenciales”, explica el Dr. Neira.

Vigilancia activa y tecnologías avanzadas

El equipo realizará campañas de muestreo en terreno tanto en la Antártica como en la Región de Magallanes, recolectando muestras de aves marinas, pingüinos y mamíferos marinos. Estas serán analizadas mediante herramientas de biología molecular, secuenciación genómica y ecotoxicología, permitiendo identificar patógenos emergentes y contaminantes de alto riesgo.

Los datos obtenidos se integrarán en modelos predictivos que incorporan variables climáticas, ecológicas y biológicas, con el objetivo de anticipar escenarios futuros y apoyar la toma de decisiones en conservación y prevención sanitaria.

“Esta combinación de vigilancia activa, genómica y modelamiento nos permitirá alcanzar un nivel de resolución sin precedentes para caracterizar estos riesgos”, agrega Neira.

Rol estratégico del INACH y enfoque One Health

La participación del INACH es clave para el componente logístico y científico del proyecto, aportando su experiencia en bioseguridad, monitoreo ambiental y campañas polares. Desde 2023, el Instituto ha liderado la generación de protocolos para la vigilancia de influenza aviar en la Antártica, experiencia fundamental para esta nueva línea de investigación.

Marcelo González destaca que “la relación entre microplásticos y su capacidad de transportar virus y bacterias patógenas —incluso SARS-CoV-2— es un aspecto crítico del estudio, ya que permite evaluar posibles reservorios de patógenos en interacción directa con la fauna antártica”.

Los análisis de contaminantes se realizarán en el laboratorio Farmavet de la Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias de la Universidad de Chile, referente internacional en toxicología ambiental.

El proyecto adopta el enfoque One Health, integrando salud humana, animal y ambiental, y contempla además la formación de jóvenes investigadores, actividades educativas y la difusión de resultados hacia instituciones públicas y comunidades vinculadas al ecosistema polar.

Con esta iniciativa, Chile refuerza su posición como actor clave en la investigación polar de frontera, generando evidencia científica crucial para la protección de la biodiversidad antártica y la gobernanza ambiental en un contexto de cambio global acelerado. El proyecto no solo ampliará el conocimiento sobre riesgos emergentes, sino que también fortalecerá las capacidades nacionales para anticipar y enfrentar amenazas sanitarias y ecológicas en el extremo sur del planeta.

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