EE.UU. cambia su pirámide alimentaria: más proteínas, menos refinados

Estados Unidos presentó recientemente un giro en su modelo de pirámide alimentaria, modificando el enfoque que durante décadas orientó las recomendaciones nutricionales a nivel internacional. La nueva propuesta invierte la estructura tradicional y prioriza proteínas de alta calidad, grasas saludables, frutas y verduras, mientras reduce el protagonismo histórico de los cereales y carbohidratos refinados.

El objetivo declarado es enfrentar el sostenido aumento de la obesidad, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares, un escenario que también impacta fuertemente a Chile.

Desde la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), el académico y nutricionista Samuel Meza Vásquez, integrante del Grupo de Innovación PROSALUD-UCSC, analiza las implicancias de este nuevo enfoque para la salud pública.

¿Qué cambia en el nuevo modelo?

Según explica el especialista, la diferencia principal está en la jerarquía de los alimentos.

“La nueva pirámide se presenta invertida, priorizando alimentos ricos en proteínas de alto valor biológico, grasas saludables, frutas y verduras, mientras que los granos y carbohidratos quedan en niveles inferiores”, señala.

El modelo recomienda incluir proteínas de calidad en cada comida, desplazando la antigua lógica que situaba a los carbohidratos como base estructural de la dieta. Asimismo, deja atrás la promoción de productos “bajos en grasa” y pone el acento en grasas saludables provenientes de aceites vegetales, frutos secos, palta y ciertos lácteos.

En paralelo, el mensaje es claro frente a los ultraprocesados: se desaconseja su consumo, junto con azúcares añadidos y carbohidratos refinados como bebidas azucaradas y snacks industriales.

Fundamento científico

Meza enfatiza que el cambio responde a evidencia acumulada en los últimos años.

“Las dietas altas en alimentos ultraprocesados se asocian a mayor riesgo de obesidad, diabetes y otras enfermedades crónicas”, explica.

El aumento del consumo de proteínas puede mejorar la saciedad, favorecer una mejor composición corporal y reducir la ingesta de carbohidratos refinados. En cuanto a las grasas, el especialista aclara que importa más su tipo que la cantidad total, destacando los beneficios de las grasas insaturadas por sobre las saturadas y trans.

Desde una perspectiva preventiva, el modelo podría contribuir a:

  • Mejor control del apetito y reducción del consumo de ultraprocesados.
  • Mejor regulación glicémica en personas con diabetes tipo 2.
  • Disminución de triglicéridos e inflamación asociada a riesgo cardiovascular.

¿Es aplicable en Chile?

Para el académico de la UCSC, existen aprendizajes relevantes, como reforzar la reducción de ultraprocesados y simplificar los mensajes de educación alimentaria.

“Es clave promover proteínas accesibles en nuestra realidad, como legumbres, pescados locales y huevos”, indica.

Sin embargo, advierte que el problema en Chile no son los carbohidratos en sí, sino el exceso de refinados. Además, en población infantil los carbohidratos complejos cumplen un rol fundamental en el crecimiento. También existe el riesgo de aumentar el consumo de grasas saturadas si el mensaje no se interpreta adecuadamente.

El especialista subraya que cualquier adaptación debe considerar equidad, cultura alimentaria, ciclo vital y costo de los alimentos, promoviendo alternativas locales y de temporada.

“Más que copiar modelos, el desafío es avanzar hacia una alimentación basada en la calidad, adecuada a nuestra realidad y orientada a la prevención”, concluye Meza.

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