La alta mar tendrá nuevas reglas para proteger los océanos del planeta

El 17 de enero de 2026 entró en vigor el Tratado sobre la Biodiversidad Marina más allá de la Jurisdicción Nacional (BBNJ), un acuerdo histórico impulsado por la Organización de las Naciones Unidas que establece, por primera vez, reglas vinculantes para la conservación y el uso sostenible de la alta mar, es decir, las zonas oceánicas ubicadas más allá de las 200 millas náuticas.

Este tratado viene a cerrar uno de los mayores vacíos de la gobernanza oceánica global, ya que hasta ahora estos espacios —que representan cerca de dos tercios del océano— carecían de un marco regulatorio integral y obligatorio.

Desde la Universidad Católica de la Santísima Concepción, el Dr. Iván Hinojosa, académico de la Facultad de Ciencias, explica que la entrada en vigor del BBNJ “marca un punto de inflexión en la protección de los océanos, al establecer reglas claras y comunes para ecosistemas que hasta ahora estaban regulados de forma fragmentada”. Entre sus principales avances, destaca la posibilidad de crear áreas marinas protegidas en alta mar, exigir evaluaciones de impacto ambiental para nuevas actividades y fortalecer la cooperación científica internacional.

Un nuevo marco para la gobernanza oceánica

Desde el ámbito jurídico, la académica de la Facultad de Derecho UCSC, Carla Chovar, subraya que el tratado “representa una innovación respecto de instrumentos previos como la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, ya que permite avanzar hacia una protección efectiva de espacios marítimos ubicados fuera de las jurisdicciones nacionales”.

El acuerdo crea además una nueva institucionalidad internacional, con órganos como la Conferencia de las Partes (COP) y comités científicos, de cumplimiento e implementación, y de creación de capacidades y transferencia tecnológica. Esta estructura permitirá integrar conocimiento científico, mejorar la toma de decisiones y reforzar la gobernanza de la alta mar a escala global.

“Es un tratado multilateral de gran alcance, que requirió al menos 60 ratificaciones para su entrada en vigor, lo que da cuenta de su relevancia internacional”, destaca Chovar.

Ciencia para anticipar los impactos ambientales

La urgencia del Tratado BBNJ responde a las crecientes amenazas que enfrenta la alta mar: sobreexplotación de recursos, contaminación, ruido submarino, cambio climático y el avance de nuevas actividades como la bioprospección genética y la minería en aguas profundas.

En este contexto, el Dr. Hinojosa enfatiza que el tratado introduce un enfoque preventivo. “El objetivo es anticipar los impactos ambientales y reducir los daños antes de que sean irreversibles, en lugar de reaccionar cuando ya es demasiado tarde”, señala.

Por su parte, Chovar resalta que el acuerdo reconoce a los océanos como un bien común de la humanidad, incorporando principios como quien contamina paga, transparencia, rendición de cuentas y el respeto por los derechos y cosmovisiones de los pueblos indígenas. Asimismo, pone énfasis en la distribución justa y equitativa de los beneficios, un aspecto clave para los países en desarrollo.

Desafíos y oportunidades para Chile

Para Chile, uno de los países con mayor extensión marítima del mundo, la entrada en vigor del Tratado BBNJ representa tanto un desafío como una oportunidad estratégica. “Océanos más sanos impactan directamente en la provisión de alimentos, la regulación climática y el bienestar humano”, señala Hinojosa, destacando además el potencial del acuerdo para fortalecer la investigación científica marina y la cooperación internacional.

Desde el ámbito legal, Chovar recuerda que Chile ha tenido un rol activo en el liderazgo ambiental global, participando desde las negociaciones del tratado y postulando a Valparaíso como sede de su secretaría, además de impulsar iniciativas relevantes en derecho ambiental internacional.

“En términos prácticos, el BBNJ exigirá avanzar en políticas públicas, financiamiento e investigación científica. Chile tiene el potencial de consolidarse como un referente en ciencia y tecnología marina, donde las universidades están llamadas a cumplir un rol protagónico”, concluye la académica.

Con la entrada en vigor del Tratado BBNJ, la protección de la alta mar da un paso decisivo, integrando ciencia, derecho y cooperación internacional para enfrentar uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI.

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