Tras ocho meses de trabajo técnico y colaborativo, la Comisión Asesora Ministerial sobre Áreas de Valor Científico y de Investigación para la Observación Astronómica entregó al Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación un informe con recomendaciones estratégicas para fortalecer la protección de los cielos chilenos, en especial en el Desierto de Atacama, uno de los principales polos astronómicos del mundo.
El documento —de casi 100 páginas y elaborado a partir de 30 sesiones semanales— propone, entre otras medidas, que el Estado de Chile avance en la elaboración de una norma secundaria de calidad ambiental para la protección del cielo oscuro, así como la creación de subáreas de resguardo alrededor de los observatorios astronómicos, con el fin de minimizar impactos sobre las condiciones de observación.
El informe constituye un insumo clave para la actualización del decreto supremo que define las áreas de valor científico para la observación astronómica, incorporando un análisis comparado de regulaciones internacionales y una sistematización de los principales factores de contaminación que afectan a las tecnologías modernas de observación, tales como la contaminación lumínica, la turbulencia atmosférica, el polvo en suspensión y las vibraciones mecánicas.
“El trabajo de esta comisión es imprescindible, porque entrega claridad y responsabilidad sobre cómo hacemos ciencia y cómo proyectamos su futuro. Chile seguirá siendo un país que entregue garantías estables y claras para el desarrollo científico, más allá de los ciclos políticos”, señaló el ministro de Ciencia, Aldo Valle.
Desde la Subsecretaría de Ciencia, el subsecretario Cristian Cuevas, quien presidió la comisión, subrayó que si bien Chile cuenta con una institucionalidad jurídica para proteger su patrimonio astronómico, “el desafío es fortalecerla de manera permanente. La ciencia avanza rápidamente y la política pública debe actualizarse con la mejor evidencia disponible”.
Enfoque técnico y colaboración multisectorial
El informe pone énfasis en que la prioridad del Estado debe ser la protección de las condiciones excepcionales que ofrecen los sitios astronómicos chilenos, reconociendo su valor científico, tecnológico y estratégico a nivel global.
La comisión estuvo integrada por siete expertos y expertas con reconocida trayectoria en astronomía, gestión de observatorios y protección de cielos: Rodrigo Reeves, Elise Servajean, Manuela Zoccali, Marcos Díaz, Omar Cuevas, Pedro Sanhueza y Eduardo Unda-Sanzana, provenientes de distintas regiones del país.
Durante el proceso, la comisión recibió aportes de una decena de instituciones nacionales e internacionales que operan observatorios en Chile, entre ellas ALMA, AURA, NOIRLab, ESO, Carnegie y GMT, además de centros de investigación como CATA y MAS, la Fundación Cielos de Chile, la Oficina de Protección de la Calidad del Cielo (OPCC), el Gobierno Regional de Antofagasta y el Ministerio del Medio Ambiente.
El director del Centro de Astronomía de la Universidad de Antofagasta, Eduardo Unda-Sanzana, destacó la relevancia internacional del informe: “Este trabajo es altamente necesario no solo para el desarrollo de la ciencia en Chile, sino también a nivel global. Existe un interés creciente en cómo proteger este recurso único, que es fundamental para la astronomía mundial”.
En la misma línea, el académico de la Universidad de Valparaíso Omar Cuevas enfatizó que el informe fortalece los esfuerzos previos y otorga mayor relevancia a las múltiples dimensiones que intervienen en la operación de los observatorios. “Proteger nuestro cielo es esencial para asegurar que estas instalaciones funcionen y se proyecten en el tiempo”, afirmó.
Por su parte, la astrónoma Mónica Rubio, profesora titular de la Universidad de Chile, valoró la actualización de los criterios de protección: “Este trabajo permitirá que Chile siga siendo la capital mundial de la astronomía, resguardando de mejor manera los sitios de observación en el norte del país”.
Un insumo clave para la gobernanza científica
El informe final se consolida como un instrumento técnico fundamental para fortalecer la gobernanza científica y tecnológica nacional, integrando criterios ambientales, avances tecnológicos y estándares internacionales, en un contexto donde la protección del cielo oscuro se vuelve cada vez más crítica frente al crecimiento de actividades industriales y urbanas.
Con estas recomendaciones, Chile refuerza su liderazgo en astronomía y avanza hacia una protección más robusta de uno de sus patrimonios científicos y ambientales más valiosos.