GPS Chile expone cómo datos, planificación digital y electromovilidad serán claves para construir urbes más eficientes, sostenibles y amigables con el medioambiente.
En un nuevo capítulo de El Futuro es Hoy, el gerente general de GPS Chile, Mario Yáñez, explicó por qué las ciudades inteligentes ya no son una visión futurista, sino un proceso que Chile comenzó a vivir. La idea es simple: aplicar tecnologías de información y comunicación para mejorar la calidad de vida, optimizar recursos y planificar espacios urbanos que funcionen mejor para todas y todos.
Tecnología para mover ciudades
Según Yáñez, una ciudad inteligente integra datos reales de movilidad, transporte y comportamiento urbano para tomar decisiones informadas. Esto se traduce en menos congestión, menos consumo de combustible, menos contaminación y un uso más eficiente de la infraestructura.
Chile ya avanza en esta dirección. GPS Chile, en conjunto con la Universidad de Chile, la UAI y el Ministerio de Transportes, desarrolla estudios para comprender cómo se mueve la población: qué rutas saturan, cómo se comportan los flujos logísticos y dónde conviene instalar sensores, cámaras o futuras estaciones de carga eléctrica.
“Sin datos, no hay ciudad inteligente”, afirmó Yáñez. “La tecnología solo sirve cuando sabemos dónde aplicarla”.
Electromovilidad, hidrógeno verde y rutas del futuro
El ejecutivo destacó además dos transformaciones claves: la electromovilidad y el hidrógeno verde. Ambos procesos —especialmente relevantes en Magallanes— permitirán reducir emisiones y abaratar costos operacionales.
Los estudios de GPS Chile muestran que un auto eléctrico es entre tres y cuatro veces más eficiente que uno de combustión: recorrer un kilómetro cuesta cerca de 19 pesos, versus 63 pesos en un vehículo convencional. A escala país, esa diferencia representaría ahorros potenciales de más de US$1.500 millones anuales.
Pero la transición requiere planificación: dónde instalar cargadores, cuántas vías necesitan las carreteras, cómo conectar la logística del transporte y cómo preparar a los usuarios para adoptar nuevas tecnologías.
Mejor calidad de vida: el objetivo final
Aunque suene técnico, una ciudad inteligente impacta directamente en la vida diaria: menos tiempo perdido en traslados, aire más limpio, transporte más seguro y una logística capaz de responder mejor a emergencias o fallas en la cadena de abastecimiento.
“Todo esto no es solo tecnología. Es calidad de vida”, resumió Yáñez. “Si planificamos bien, ganamos todos: las personas, las empresas y el medioambiente”.