Priscilla Inostroza Salazar, docente de Enfermería de la Universidad Andrés Bello, analiza los riesgos de salud pública asociados a incendios forestales desde perspectiva de determinantes sociales. La exposición a material particulado, hacinamiento en albergues y desplazamiento de roedores aumentan incidencia de enfermedades respiratorias, infectocontagiosas y zoonosis.
Los incendios forestales ocurridos en la Región del Biobío han generado un profundo impacto social y sanitario. La pérdida de vidas humanas, la destrucción de viviendas y la afectación de amplios territorios no sólo constituyen una emergencia inmediata, sino que configuran un escenario de riesgo para la salud de personas, familias y comunidades, cuyas consecuencias pueden extenderse en el tiempo.
Riesgos respiratorios por exposición a contaminantes
Desde la salud pública, estos eventos conllevan múltiples riesgos. La exposición al humo y al material particulado aumenta la incidencia de problemas respiratorios, especialmente en niños, personas mayores, embarazadas y quienes viven con enfermedades crónicas como asma, patologías cardiovasculares o diabetes.
En estos grupos, la interrupción de tratamientos y las dificultades de acceso a los servicios de salud incrementan el riesgo de descompensaciones.
Enfermedades infectocontagiosas en condiciones de hacinamiento
La pérdida de viviendas y el desplazamiento forzado favorecen condiciones de hacinamiento en albergues o soluciones temporales, aumentando la probabilidad de enfermedades infectocontagiosas, como:
- Infecciones respiratorias agudas
- Infecciones gastrointestinales
- Infecciones cutáneas
Este riesgo se incrementa especialmente cuando se ve afectado el acceso a agua potable, saneamiento e higiene.
Riesgos ocupacionales en remoción de escombros
Durante las labores de remoción de escombros y reconstrucción surgen riesgos adicionales. La exposición a polvo, cenizas y materiales contaminados puede provocar afecciones respiratorias, lesiones e infecciones, mientras que las heridas por objetos cortantes aumentan el riesgo de tétanos en personas sin vacunación al día.
El uso de elementos de protección personal, como mascarillas, guantes y calzado adecuado, resulta fundamental en esta etapa.
Zoonosis y virus hanta en sectores rurales
En sectores rurales y periurbanos también se incrementa el riesgo de zoonosis, particularmente el virus hanta, debido al desplazamiento de roedores hacia zonas habitadas tras la destrucción de su hábitat. Este riesgo se intensifica durante la limpieza y reconstrucción si no se adoptan medidas preventivas adecuadas.
El síndrome pulmonar por hantavirus (SPH) tiene alta letalidad, por lo que la prevención mediante ventilación de espacios cerrados antes de limpiarlos, uso de soluciones desinfectantes y evitar generar polvo durante la limpieza son medidas críticas.
Vacunación como estrategia preventiva clave
La vacunación cumple un rol clave en este contexto. Mantener actualizado el esquema antitetánico, reforzar la vacunación contra hepatitis A en poblaciones expuestas y asegurar la continuidad del programa nacional de inmunizaciones en niños y personas mayores son medidas esenciales para prevenir brotes y complicaciones.
Impacto psicosocial y salud mental comunitaria
El impacto psicosocial es igualmente relevante. La pérdida del hogar, del trabajo y de los medios de subsistencia genera estrés, ansiedad, depresión y duelos complejos, afectando la salud mental y la cohesión social, con especial impacto en niños, adolescentes y personas mayores.
Los trastornos de estrés postraumático (TEPT) pueden desarrollarse en población afectada, requiriendo intervenciones especializadas de salud mental a corto, mediano y largo plazo.
Determinantes sociales de la salud
Desde la perspectiva de los determinantes sociales de la salud, la pérdida de vivienda y empleo profundiza la pobreza y la inseguridad económica, limitando el acceso a:
- Alimentación adecuada
- Atención de salud
- Redes de apoyo
La reconstrucción debe considerar no sólo el entorno físico, sino también la recuperación y articulación de redes de apoyo social y comunitario.
Políticas públicas integrales necesarias
Frente a este escenario, resulta prioritario fortalecer políticas públicas integrales que:
✅ Refuercen la atención primaria de salud en territorios afectados
✅ Aseguren la continuidad de cuidados
✅ Implementen vigilancia epidemiológica
✅ Garanticen acceso a vacunación
✅ Provean agua potable y vivienda digna
✅ Desplieguen apoyo en salud mental comunitaria
Coordinación intersectorial estratégica
La coordinación intersectorial entre salud, vivienda, trabajo, educación y medio ambiente, entre otros, es clave para enfrentar la emergencia y reducir las desigualdades que impactan la salud de las comunidades afectadas.
Vigilancia epidemiológica post-desastre
La implementación de sistemas de vigilancia epidemiológica activa permite detectar tempranamente brotes de enfermedades infectocontagiosas, monitorear calidad del aire y agua, identificar casos de zoonosis y evaluar el impacto en salud mental de la población afectada.
Atención primaria como eje de respuesta
El fortalecimiento de la atención primaria de salud en territorios afectados es fundamental, pues constituye el primer nivel de contacto con el sistema sanitario y permite:
- Continuidad de tratamientos para enfermedades crónicas
- Detección precoz de complicaciones
- Vacunación oportuna
- Atención de salud mental comunitaria
- Promoción de medidas preventivas
Recuperación a largo plazo
La recuperación post-desastre no se limita a la fase de emergencia inmediata, sino que requiere planificación a largo plazo que aborde los determinantes sociales de la salud, fortalezca la resiliencia comunitaria y reduzca vulnerabilidades estructurales que amplifican el impacto sanitario de eventos catastróficos como incendios forestales de gran magnitud.