Una pasantía en el laboratorio del OIEA en Mónaco fortalece las capacidades nacionales para detectar y cuantificar microplásticos en agua, nieve y organismos clave del ecosistema antártico.
Chile dio un paso estratégico en la investigación de la contaminación por microplásticos en la Antártica, gracias a la pasantía realizada por el investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH), Rodolfo Rondón, en el Laboratorio de Medio Ambiente Marino del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), en Mónaco.
La estadía, de dos meses de duración, se desarrolló en el marco de un proyecto de cooperación técnica entre el Gobierno de Chile —a través del Ministerio de Relaciones Exteriores— y el OIEA, cuyo objetivo es desarrollar y armonizar metodologías avanzadas para la detección y cuantificación de microplásticos en distintos compartimentos del ecosistema antártico.
Este proyecto contempla el análisis de microplásticos en agua, nieve y biota, con especial énfasis en organismos clave de la red trófica, como el kril antártico, con el propósito de instalar capacidades analíticas de alto nivel en el país y posicionar a Chile como laboratorio de referencia regional en esta materia.
Formación científica de alto estándar en el OIEA
Durante su pasantía en Mónaco, Rondón participó en todas las etapas del análisis de microplásticos: desde la recepción y preparación de las muestras, hasta su procesamiento mediante técnicas espectroscópicas de última generación, en un entorno con estrictos protocolos de control para evitar la contaminación cruzada.
“Me sorprendió gratamente el nivel de control que existe en todo el laboratorio, desde que llegan las muestras hasta que se procesan en los equipos. Todo está diseñado para asegurar que no exista contaminación externa, lo que es clave cuando se trabaja con microplásticos”, explicó el investigador del INACH.
Uno de los hitos de esta formación fue la incorporación de un método armonizado y estandarizado desarrollado por el OIEA para la detección de microplásticos en agua, así como el diseño de un protocolo específico para nieve, una matriz ambiental poco estudiada pero fundamental para comprender los procesos de deposición de contaminantes en el continente blanco.
Del kril al análisis automatizado de microplásticos
El trabajo con kril antártico representó uno de los mayores desafíos metodológicos. Las muestras, previamente congeladas, debieron ser liofilizadas para su traslado internacional, permitiendo eliminar el agua sin alterar los microplásticos presentes.
Posteriormente, los ejemplares fueron sometidos a complejos procesos de digestión química y enzimática para eliminar tejidos y restos de caparazón sin afectar las partículas plásticas. “La digestión es la parte más compleja del proceso. Si quedan remanentes de tejido o caparazón, se dificulta la lectura en los equipos, por lo que fue necesario ajustar cuidadosamente tiempos y reactivos hasta lograr un protocolo estable”, detalló Rondón.
Una vez filtradas en filtros de oro, las muestras fueron analizadas mediante el equipo LDIR (Laser Direct Infrared), tecnología que permite detectar, cuantificar y caracterizar microplásticos de entre 20 y 300 micras, identificando su tamaño, forma, peso y tipo de polímero.
“Este equipo automatiza gran parte del procedimiento. Lo que antes podía tomar semanas o incluso meses, hoy se puede realizar en cuestión de horas”, destacó el investigador.
Sinergias científicas y proyección regional
Un componente clave del proyecto es la articulación de capacidades nacionales, particularmente entre el INACH y la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN), además de laboratorios universitarios especializados. Mientras el LDIR permite analizar microplásticos de 20 a 300 micras, la CCHEN dispone de equipos Raman (1 a 20 micras) y FTIR (300 micras a 5 milímetros), cubriendo así todo el rango de microplásticos de interés científico.
“Con esta sinergia, Chile se posiciona como uno de los pocos países de la región —bajo la iniciativa internacional NUTEC Plastics— capaces de analizar microplásticos a lo largo de todo su espectro de tamaño, particularmente en ambientes tan sensibles como la Antártica”, afirmó Rondón.
Paralelamente, se avanza en un proyecto regional que busca coordinar zonas de muestreo, organismos y matrices ambientales, con el fin de generar datos comparables que apoyen la toma de decisiones científicas y políticas. A mediano plazo, se espera que Chile consolide su rol como laboratorio de referencia en microplásticos antárticos, brindando apoyo a otros países latinoamericanos con presencia en el continente, como Perú, Ecuador y Colombia.
El Instituto Antártico Chileno (INACH) es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con autonomía en materias científicas, tecnológicas y de difusión antártica. A través del Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN), el INACH promueve investigación de excelencia, fortalece la presencia de Chile en el Sistema del Tratado Antártico y posiciona a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco.