Iniciativa Mineduc ejecutada por UMAG en Cabo de Hornos y Porvenir realizó ocho reuniones de red con encargados de convivencia escolar utilizando papelógrafos donde estudiantes y profesores respondieron separadamente mismas preguntas, generando diálogo asíncrono que evidenció necesidades como inclusión en trabajos grupales y bienestar docente. Programa identificó reconocimiento como factor transversal crítico en territorios aislados. UMAG se adjudicó Centro de Liderazgo para 2026 con continuidad en Puerto Williams.
El cierre regional del programa A Convivir se Aprende en las comunas de Porvenir y Cabo de Hornos marcó el fin de un proceso que, más que intervenir escuelas, buscó escuchar a las comunidades educativas desde dentro. Así lo explicó el encargado regional del programa y académico de la Universidad de Magallanes, Dr. Sergio Saldivia Córdoba, al realizar un balance de fin de año centrado en los aprendizajes colectivos, el cumplimiento de metas y los desafíos que se proyectan para 2026.
Ocho reuniones de red: todos los objetivos cumplidos
“El proyecto A Convivir se Aprende, que ya está en su etapa final, o sea, estamos cerrando el proceso que se hizo acá en la región. Y las comunas con las que estuvimos trabajando este año fueron Cabo de Hornos y Porvenir”, señaló, precisando que en el caso de Porvenir el trabajo concluyó “con todos los objetivos cumplidos”. En total, se realizaron ocho reuniones de red con encargados y encargadas de convivencia escolar, además de acompañamientos directos que permitieron ajustar el programa a las realidades locales.
Seremi: lógica descentralizada con presencia provincial
Por su parte, el seremi de Educación, Valentín Aguilera Gómez, indicó que el programa A Convivir Se Aprende “ha cumplido exitosamente sus metas tanto en Cabo de Hornos como en Porvenir, operando con una lógica descentralizada, ya que ha tenido presencia en las distintas provincias de nuestra región durante el actual periodo”.
A su juicio, esta iniciativa —que es parte del Plan de Reactivación Educativa del Ministerio de Educación— “ha permitido escuchar las voces de las y los estudiantes y atender la demanda por el bienestar docente, reconociendo y valorando a nuestras comunidades educativas en sus propios territorios, lo que es un paso fundamental para fortalecer la convivencia escolar en cada rincón de nuestra región”.
Diálogo escrito: metodología de papelógrafos
El momento de mayor carga emocional del proceso se produjo al poner en diálogo directo —aunque no presencial— las voces de estudiantes y profesores. A través de una metodología de “diálogo escrito”, ambos grupos respondieron por separado a las mismas preguntas sobre qué les hacía sentir bien en la escuela y qué aspectos necesitaban mejorar.
“Fue interesante leer lo que habían escrito los estudiantes”, relató Saldivia. Entre esos testimonios, uno marcó profundamente a los equipos docentes: “Leer a un chiquito de tercero básico decir: ‘no me gusta cuando hacen trabajos en grupo porque me quedo solo'”. Para el encargado regional, este tipo de expresiones permiten dimensionar preocupaciones que muchas veces no emergen en los espacios formales de la escuela, pero que inciden directamente en la convivencia y el bienestar.
La metodología de diálogo asíncrono mediante escritura permite expresión sin presión de confrontación directa, reduciendo asimetrías de poder inherentes a interacción presencial entre estudiantes y docentes, y facilitando emergencia de testimonios que pudieran ser censurados o autocensurados en contextos de comunicación sincrónica.
“Teníamos papelógrafos con lo que habían escrito los estudiantes”
La dinámica se realizó mediante papelógrafos dispuestos en las salas, que luego eran leídos por el otro grupo: “Es un diálogo entre estudiantes y profesores, pero está escrito. Teníamos estos papelógrafos con lo que habían escrito los estudiantes y los profesores se daban vuelta leyendo lo que habían escrito sus estudiantes; después hicimos lo mismo con ellos”, explicó.
Bienestar docente: demanda explícita
Uno de los giros más relevantes del proceso surgió desde los propios docentes. Durante las primeras instancias, manifestaron que el foco en el bienestar estudiantil dejaba fuera una dimensión igualmente crítica: su propio bienestar laboral. “La jornada que hicimos la semana pasada estuvo dedicada al bienestar de la comunidad, ya incluido el bienestar de los profesores, que eso había sido una necesidad que ellos habían manifestado”, explicó Saldivia. Y agregó que la petición fue clara: “Esto pareciera estar centrado en el bienestar más de los estudiantes; a nosotros igual nos interesa que se preocupen de nosotros”.
A partir de esa demanda, el programa incorporó espacios de reflexión sobre reconocimiento y valoración institucional del trabajo pedagógico, entendiendo que la convivencia escolar no se sostiene si quienes enseñan no se sienten cuidados ni legitimados en su labor cotidiana.
Reconocimiento: factor transversal en territorios aislados
Al mismo tiempo, identificó un factor transversal: el reconocimiento. “Que la gente se sienta vista, que lo que hace es reconocido por otros y es valorado por otros. O sea, que lo que yo hago tiene un significado no sólo para mí, sino para otros”, afirmó Saldivia. Esta noción atraviesa tanto la convivencia pedagógica como la gestión escolar, y se vuelve especialmente relevante en territorios aislados.
El reconocimiento profesional adquiere dimensión crítica en contextos de aislamiento geográfico donde docentes enfrentan factores estresores adicionales: distancia de centros urbanos, limitaciones de desarrollo profesional, dificultades de reemplazo ante licencias, y ausencia de redes de pares inmediatas para apoyo técnico-emocional, factores que incrementan vulnerabilidad a burnout.
Presencia universitaria en territorios
Para Saldivia, uno de los principales aprendizajes del programa tiene que ver con la presencia universitaria en los territorios: “Para nosotros es una oportunidad de ir a los territorios, que eso es algo que yo personalmente valoro. Es positivo que en esto haya estado presente la universidad, las autoridades locales y las escuelas. Es como tener una comunidad de miradas“, concluyó.
Incertidumbre 2026, pero Centro de Liderazgo adjudicado
De cara a 2026, el balance positivo convive con un escenario de incertidumbre presupuestaria a nivel nacional: “Según cómo termina la tramitación de la ley de presupuesto 2026, estamos considerando recursos para abrir un nuevo concurso, pero eso no lo pueden prometer. No es una promesa, no es como que esto sigue sí o sí”, advirtió el académico.
Sin embargo, el equipo cerró el año con una noticia concreta: la adjudicación de un nuevo Centro de Liderazgo, que permitirá dar continuidad al trabajo en el territorio: “Nos ganamos uno de los centros de liderazgo, eso ya lo tenemos para el otro año y esa probablemente va a ser también una oportunidad para seguir trabajando con los liceos, o con el liceo de Puerto Williams“.